miércoles, 22 de febrero de 2017

Un recorrido en la ciudad

Lo que vemos pero no paramos a mirar

Por Yesica Gallegos - febrero 23, 2017


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Vista panorámica de Río Gallegos (1)
En la ciudad de Río Gallegos caminamos, corremos, alcanzamos el colectivo a cuestas, tomamos un taxi, ingresamos y salimos de puerta en puerta. El movimiento, como en toda ciudad, es constante y nos aleja, sin quererlo, de lo que nos rodea.
Pasamos por las mismas calles y la rutina se apodera de nuestra vida. Pero si dejamos de ver nuestros pies al caminar y alzamos la vista hacia los rincones de la ciudad, podríamos percatarnos de la producción artística viva en las calles, latente de llamar tu atención.
Hay espacios en Río Gallegos que son habitúes para muchos: boliches en la vida nocturna; instituciones educativas en la vida cotidiana de estudiantes y docentes; como así también sitios que portaban nombres antiguos, ahora adecuados a nuestro tiempo, y otras veces, desaparecidos en el espacio.
Son esos espacios donde figuran obras de arte que se camuflan con el entorno. Porque cuando asistimos a un lugar tendemos a obviar lo que nos circunda, no miramos, sólo vemos y en el acto de ver se pierden muchas cosas.
Ejemplos de ello, tenemos al ex-boliche Camelot, discoteque en otros tiempos, cuya vigilancia la realizaban dos enormes caballeros medievales, soldados en chapas. Esculturas formidables que protegían un castillo de fantasía que encendía sus luces y ritmo en las noches frías de fin de semana. Pero ¿qué es lo que ve la gente en ese espacio, olvidado en las semanas y durante el transcurso del día? Sólo ve el sitio donde muchos van a bailar, a donde el descontrol busca llevarse el cansancio de la semana de trabajo.

Ex-boliche Camelot
Otro ejemplo puede ser la entrada a la UNPA (Universidad Nacional de la Patagonia Austral) en la Avenida Juan Manuel Gregores, donde se encuentra realizada otra escultura de chapas soldadas, con las siglas de la Universidad y un diseño del movimiento de un barco, un pez y las olas del mar. Obviamente, las ajetreadas idas y vueltas hacia la institución educativa, nos hacen olvidar que aquello esta ahí, esperando acaparar nuestra atención. La obra, de este modo, pasa a estar "institucionalizada", lo cual la vulgariza y le quita vida.

Ingreso a la UNPA (Av. Juan Manuel Gregores)
En la calle Rawson solía reposar la escultura realizada en madera de un enorme tótem que se alzaba hacía el cielo, culminando en un águila, símbolo de las culturas indígenas. Aquella obra daba la bienvenida a una discoteque muy popular en los años '90s, Tequila Disco. Su destino en el imaginario popular fue igual a lo que sucedió con los guardianes de Camelot, lo único que resultaba importante era el espacio, pero no la obra hecha para el mismo.

Tótem ubicado en calle Rawson (se conserva la parte inferior del mismo)

La obra de arte rebosa vida, gran parte que le pertenece al artista, como Jorge Ojeda (obra en antigua discoteque Tequila Disco) y Juan Carlos Villegas (obras construidas en el ex-boliche Camelot, trabajo colectivo con el artista Jorge Ojeda; y escultura realizada en el ingreso a la UNPA), escultores de nuestra ciudad capital. Y esa vitalidad de la obra en sí misma, le otorga afecto y sensibilidad al espacio, un lugar vacío sin significante más que su simple utilidad. 
Cuando caminamos por nuestras calles, cuando nos enfadamos con el viento que golpea nuestra cara y nos desarma el cabello, cuando decimos no ver nada, debemos pensar en el ejercicio de mirar. Porque los verbos son diferentes, desear no es lo mismo que amar, como ver no es lo mismo que mirar. Al levantar nuestros pies al andar, pensemos y reflexionemos en las obras de otros, en su patrimonio colectivo y artístico hacia la ciudad, en los murales de colores que resaltan los espacios públicos y las escuelas grises.

Murales en predio de la UNPA
El Arte espera al público en una ciudad que parece una caja de Pandora anhelando ser abierta. Allí donde lo esencial es invisible a los ojos, diría el Principito, es donde se debe empezar a buscar. Lo que veo pero muchas veces no miro.



domingo, 12 de febrero de 2017

En búsqueda del encuentro con otros.


Ágora Patagónico

CONVERSATORIO: La institución de los afectos.


Por Yesica Gallegos - febrero 12

Logo difundido por el MAEM

La ciudad de Río Gallegos, con su propio contexto cultural y social, ha adquirido nuevos tintes en lo que se refiere al movimiento artístico. La música, danza. teatro, artes visuales, escritura y enseñanza, han comenzado a tomar las riendas de sus propios motores de creación.

Es en este punto, cuando surgió la necesidad de una nueva iniciativa que inserte, junte y vincule a todas las disciplinas artísticas, las cuales, como átomos dispersos, no paran de moverse hacia adelante, en busca de un fin común. Es allí donde surge en la mente de unos y otros, el Conversatorio.

El Conversatorio, como su nombre indica, entabla un diálogo con otros, de límites diluidos pero existentes, con actores alejados de la escena artística pero en búsqueda de inclusión.

A finales del pasado 2016 surgía esta idea colectiva, concretándose un primer encuentro el 19 de noviembre dentro de las instalaciones del Museo de Arte Eduardo Minnicelli. Partícipe de este encuentro, pudimos dilucidar las problemáticas locales en cuanto a los espacios, el presupuesto, la necesidad del artista de volverse "gestor" de aquello que lo moviliza y apasiona.

Surgieron debates en torno a la inclusión en el ámbito artístico de personas con discapacidades. Llevar a cabo accionares concretos para no provocar la idea de una pseudo-participación. En base a esto, es posible rememorar las palabras de Aldo Enrici, docente de la UNPA, diciendo que "todos somos discapacitados en algo". Esta es una de las razones que nos lleva a pensar que las acciones deben crearse entre todos, no hay que guiarse por pre conceptos, debemos amoldarnos a nuestra realidad y fortalecerla. 

Temáticas diversas vuelven a cruzarse en el segundo encuentro, llevado a cabo el 19 de diciembre. La concreción de las ideas nos lleva a pensar en las posibilidades e imposibilidades de nuestro contexto. Se comienza a notar la necesidad de un periodismo cultural en donde, desde las Universidades, se fomente la "movida" cultural. Dar a conocer los espacios de encuentro artístico de nuestra ciudad a toda la población; dar importancia a la creación de una agenda de eventos que permita al otro informarse acerca de dichas actividades. 

En este encuentro estuvo presente la necesidad de conectar con otras regiones que compartan problemáticas similares. La idea es crear rizoma, un vínculo con toda la comunidad de artistas, docentes, escritores, músicos, bailarines, actores, al público de aquí y allá. Unir la provincia hacía un sueño más grande, partiendo desde nuestra ciudad capital. El Arte debe ser una infección y. como tal, crear una pandemia de la que nadie pueda escapar.

A partir de todos estos puntos, nos encaminamos, como forasteros con vendas en los ojos, hacía un tercer encuentro, uno que ni siquiera habíamos imaginado. Este pasado 11 de febrero, nos reunimos una vez más para elaborar trabajos en equipo. Formamos siete mesas de trabajo, núcleos, que al finalizar el encuentro, estaban enganchados indisolublemente unos a otros.

Las siete mesas de trabajo buscarán generar un encuentro entre las partes participantes. Cada iniciativa, desde lo digital, en la creación de una agenda y censo de artistas; desde la enseñanza del Arte y el Arte en la enseñanza; desde las propias prácticas docentes en la creación de textos que esclarezcan y hagan público la realidad educativa de nuestra provincia; desde la gestión de espacios y recursos, la búsqueda de nuevos espacios donde desarrollar la producción artística; desde la profesionalización  del Arte, la ayuda a los artistas, el trueque de habilidades, como afirma Claudia Ferreto, el surgimiento de "estéticas de la escasez"; desde la crítica y el periodismo cultural que unan a las Universidades con la comunidad.

El Conversatorio tiene una matriz social, por lo cual debe dar una respuesta de orden comunitario, debe ser un espacio para mejorar las dinámicas de las instituciones, Entonces, el Conservatorio debe convertirse en una institución, descolgada del Museo, algo nuevo que aporte a la sociedad, que una a los artistas, sujetos extraños y peculiares, y al público diverso y segregado.

Una voz de carácter macro se alza en el Conversatorio. Retomando los conceptos de Aldo Enrici, el ágora ha abierto sus puertas, el lugar público donde hacemos y creamos catarsis, donde nadie se impone al otro. Somos nosotros, algunas veces como artistas, otras como espectadores, como viento y tierra, corriendo a la par para curarnos y curarlos.